El paso del tiempo
Había tenido el cuidado de precisar la
edad al rellenar el formulario. A pesar de ello, el director tensó su rostro al
verme entrar.
—Tome asiento — me dijo.
Le saludé con un ligero gesto y me senté.
—Sabrá Ud. que la oferta es para cuidar
de escolares en el comedor, ¿verdad?
Asentí.
—Es un trabajo duro y necesitamos a
alguien joven.
—Por supuesto que soy consciente— repuse—leí
su oferta de empleo y no indicaban límite de edad.
Hizo un gesto de negación con la cabeza
mientras tiraba mi solicitud.
Me levanté despacio, una nueva arruga
nacía en mi rostro.
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