Muérdago mullido
Piso el muérdago mullido, me apoyo en la rama que nutre con salvia mis alas. Te observo a lo lejos, caminas solo, mirada perdida a cada paso que das. Grito con fuerza, que nada nos corte la sangre caliente antaño morada. Te mando un suspiro, aliento templado recuerdo de anhelos que prenden fogatas. El aire pesado, presagia los truenos de cada tormenta que arrecian la frente. Caricias de brisas secan la lágrima, fluida corriente, mi herida latente.