Rayo de plata
Las nubes densas pretenden que te olvide, pero sé que tras ellas respiras. La senda de mis días desaparece y cada paso se convierte en un peligro pero mis oídos se esfuerzan por escuchar notas del autillo que me guía. Siento que mis pies arrastran cantos que cada vez se sienten más pesados. Paso de largo el camino que me llevaba a mi hogar y me desvío campo a través. Las zarzas me recuerdan que su fruto dulce siempre viene acompañado de espinas que sin intención me hieren, por lo que busco campos de espliego que calman y acarician, para así continuar en la búsqueda de tu rostro. Camino al borde del abismo que me separa de lo que un día fue sueño que se rompió tras el trueno y me llevó al desvelo sin compasión ni preaviso. Me arrastró a cavernas cargadas de humedad y olor a podredumbre pero la tormenta depuró el aire al mecer las copas de abetos y cedros que rozan tu luz. Observo los rasguños y capto el sabor de mis dulces heridas...