Rayo de plata

 


Las nubes densas pretenden que te olvide, pero sé que tras ellas respiras.

La senda de mis días desaparece y cada paso se convierte en un peligro

pero mis oídos se esfuerzan por escuchar notas del autillo que me guía.

Siento que mis pies arrastran cantos que cada vez se sienten más pesados.

 

Paso de largo el camino que me llevaba a mi hogar y me desvío campo a través.

Las zarzas me recuerdan que su fruto dulce siempre viene acompañado

de espinas que sin intención me hieren, por lo que busco campos de espliego

que calman y acarician, para así continuar en la búsqueda de tu rostro.

 

Camino al borde del abismo que me separa de lo que un día fue sueño

que se rompió tras el trueno y me llevó al desvelo sin compasión ni preaviso.

Me arrastró a cavernas cargadas de humedad y olor a podredumbre

pero la tormenta depuró el aire al mecer las copas de abetos y cedros que rozan tu luz.

 

Observo los rasguños y capto el sabor de mis dulces heridas metálicas

que dejan en mi boca el regusto de aquello que estuvo en mí.

Las zarzamoras recuperan mi sonrisa y recargan de energía malva

la esperanza que me impulsa a regresar a la senda que me acerca a ti.

 

Vuelve, rayo de plata a mi rostro y marca un haz en las sombras

llévate mis dudas que me impiden saltar sin miedo desde el acantilado

que termina en forma de nido ardiente, tejido con plumas y restos de trigales

para que mi helada soledad descanse y se funda en tu verso de hilo perlado.

 

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