Corro

 


Corro. Lo hago sin parar. Sigo la línea que marca mi camino sin mirar hacia dónde me lleva. No descanso. En ocasiones la sed me abrasa la garganta, me apresuro con la esperanza de encontrar alguna fuente.

Llega la noche. Continúo mi marcha. A veces acelero el paso en las zonas más cercanas al abismo. Lo observo de reojo, es un abismo profundo. Presiento sombras cercanas que hacen que mis piernas tiemblen. Pero yo sigo.

Amanece. La línea marca mi destino. Miro el sol a lo lejos y esbozo una sonrisa: ya queda menos. Giro y lo dejo tras de mí. Aun así, no paro; continúo firme, sin abandonar el camino marcado.

La noche regresa y veo de nuevo el abismo. Ahora se encuentra más cerca. Mi cuerpo se pone rígido y no puedo dar un paso más. Las lágrimas brotan y escucho aullidos que nacen de mi garganta. Miro el cielo y lo entiendo: la luna me mira de frente. Fijo mi mirada en el suelo y continúo.

El sol regresa y, con él, se despiertan mis carcajadas. Ahora sí siento que me acerco a él, pero giro de nuevo. Observo el suelo y veo que mi camino se va estrechando en una espiral cada vez más profunda.

Estoy muy cerca del núcleo. Es un agujero negro donde no se ve ni se escucha nada, tan solo mi respiración y el eco de mi corazón. Miro atrás y veo el camino que me ha traído hasta este punto. Llevo muchos años corriendo y he llegado aquí. No hay nada más, tan solo el abismo que me mira y me atrae.

Inspiro hondo y, con un rugido felino, me abalanzo hacia lo desconocido. Mientras caigo, mi mente me trae recuerdos, pasajes de mi vida, emociones y caricias. Mi ropa desaparece y, una vez desnuda, caigo de pie sobre una pradera verde y mullida.

A pesar de que la luz me ciega, veo campo sin límites. Alzo la vista para ver de dónde vengo, pero sólo veo el cielo azul y despejado. Entonces escucho mi propia voz.

Me busco y  de pronto aparece mi imagen repetida frente a mí como en un espejo infinito. Sonrío al contemplarla. Veo mi melena caer sobre mis hombros y mis manos posarse en mis mejillas para sentir su calor. Mis ojos de niña me observan curiosos.

—Llevo mucho tiempo esperándote. Lo has hecho muy bien. Me has encontrado.

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