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Mostrando entradas de octubre, 2026

La traición del último secreto

  Juan apaga el cigarrillo en el viejo cenicero repleto de colillas y se sacude las manos una vez más. Mira por la ventana y observa las gotas de lluvia caer sobre el asfalto. María se acerca y se detiene a su lado. Puede oler su perfume. Su espalda se tensa al percibir aquel olor dulzón. Sujeta el visillo con fuerza y traga saliva para quitarse el sabor a nicotina. —Tenemos que hablar, amor —le dice buscando su mirada. —No me llames así. Ya te he dicho que nuestro matrimonio es un fracaso. De hecho, se rompió hace mucho tiempo. Otra cosa es que tú no quieras asumirlo. Juan se tambalea sobre sus pies. La respuesta de María lo golpea sin piedad. Un látigo de calor asciende por su cuerpo, le seca la garganta y se la oprime. No puede hablar. Posa su mano temblorosa sobre la cintura de María. Percibe cómo ella se contrae y se aleja. Esta vez la sujeta con fuerza y la hace girar hacia él. La mira a los ojos. Observa su rostro, que sigue conservando la belleza infantil de la que él...

El árbol

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  En aquel diciembre me quedé con todo mi amor. Lo guardé en el cajón del olvido y el desespero le puse un lazo de color verde lo envolví en tela de suave terciopelo.   Un buen día lo llevé con toda delicadeza a una pradera soleada y lejana donde cavé un hoyo con mis propias manos. Mi sudor nutrió la tierra que ahora guarda a mi tesoro dulce aún bañado en sal de las lágrimas que derramé aquel frío día.   Saqué cantos, raíces y lombrices del pozo que sería el hogar de mi amor y lo rellené de cuentos, leyendas y poesía que hablaban de soledad y de mis cicatrices.   Los meses trajeron lluvias de otoño, inviernos de nieve y primaveras de alegría, que vieron nacer el árbol de mi destino que se alza y crece en lo alto y en la lejanía.   Fuerte y frondoso, se observa desde el horizonte. Es refugio de ardillas, nido de golondrinas. Guarda mis sueños y mis deseos rotos que se convierten en madera, hojarasca y vida.

El lugar del contraataque

  Grito sin hacer ruido. Abro los ojos de golpe, veo las aspas del ventilador girar sobre nosotros. Busco con mi mano el móvil por el colchón hasta que lo encuentro bajo la almohada y miro la hora. Son las cuatro de la mañana. Otra vez. Mi marido duerme a mi lado. Solo veo su espalda, pero le escucho respirar. La habitación está en penumbra gracias a la luz parpadeante de la farola que atraviesa las cortinas. Mi corazón late fuerte. No recuerdo haber tenido una pesadilla. Mis piernas se encuentran tensas. Están tan duras que me duelen. Las muevo, las masajeo. Decido levantarme y caminar por la habitación sin apenas respirar. Coloco los cojines que se encuentran esparcidos por el suelo. Me tumbo de nuevo. No paro de darle vueltas. Me despierto cada noche a esa hora. Casi no bebo café. Me cuido. Estoy tomando unos suplementos que me han recomendado en la farmacia. Pero siempre reaparece ese mismo ahogo. A las cuatro de la mañana. Al amanecer me duele la cabeza. Los médicos qu...

Cumbre de cristal

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Cumbre de cristal en la aurora siento la escarcha en mi aliento  mis manos buscan el calor de mi pecho lo veo por fin nacer a lo lejos. El sol me muestra toda su ternura con paso lento y gesto silencioso ¿me arropa parco? ¿o lo hace sin mesura? sorbo sus rayos, lo bebo poco a poco. El cuerpo me cruje con grito de ahogo busco un lugar donde esconder mi alma mi rostro que despierta, se muestra ansioso la soledad alcanza mi nudo en la garganta. Ni la nieve, ni el sol calman mis miedos ¿la sombra me persigue? o ¿sólo estoy yo? miro a mi espalda y veo el abismo del que he salido rota, hundida y sin amor.