La traición del último secreto
Juan apaga el cigarrillo en el viejo cenicero repleto de colillas y se sacude las manos una vez más. Mira por la ventana y observa las gotas de lluvia caer sobre el asfalto. María se acerca y se detiene a su lado. Puede oler su perfume. Su espalda se tensa al percibir aquel olor dulzón. Sujeta el visillo con fuerza y traga saliva para quitarse el sabor a nicotina. —Tenemos que hablar, amor —le dice buscando su mirada. —No me llames así. Ya te he dicho que nuestro matrimonio es un fracaso. De hecho, se rompió hace mucho tiempo. Otra cosa es que tú no quieras asumirlo. Juan se tambalea sobre sus pies. La respuesta de María lo golpea sin piedad. Un látigo de calor asciende por su cuerpo, le seca la garganta y se la oprime. No puede hablar. Posa su mano temblorosa sobre la cintura de María. Percibe cómo ella se contrae y se aleja. Esta vez la sujeta con fuerza y la hace girar hacia él. La mira a los ojos. Observa su rostro, que sigue conservando la belleza infantil de la que él...