Casilda, la puritana

La llamaban Casilda la puritana del pueblo

paseaba por las calles con aires de princesa

su rostro era firme mas actuaba con torpeza

le faltaba la chispa de lo que dicen no es bueno.

 

Se encontró con la Lourdes, la fulana del pueblo

parecida a ella, pero franca y lujuriosa

la miró con desprecio: «No merece respeto»

pues por ella pasaron los que la hacían fogosa.

 

Lourdes la observaba altiva y distante

para ella la tristeza era fuerza de guerrera

ansiaba un lugar donde ser exultante

sin sentir que la usaban como a una ramera.

 

Casilda preguntó con aire cansado

para qué tanta prisa, para qué tanto amado

Y la Lourdes respondió sin buscar el sarcasmo

me enseñaron a serlo, me soltaron al raso.

 

Tras reír un torrente de amargura sin freno

se rompió el espejo al que Casilda se asomaba

la fulana era ella suplicando un reencuentro

Cuánto golpe recibido por su niña abandonada.

 

 

 

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