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Si yo te diera mi amor

Si yo te diera mi amor las golondrinas fijarían su hogar eterno. Si yo te diera mi amor un soplo de brisa te calmaría la sed. Si yo te diera mi amor cada lucero se fijaría en tu retina y con el alba me perdería en tu ser. Si yo te diera mi amor sumaríamos dragones ante la injusticia. Si yo te diera mi amor descubrirías tu poder infinito. Si yo te diera mi amor las piedras serían cantos rodados bajo heladas aguas cristalinas que calmarían el ardor de la vida. Porque mi amor es sincero Porque mi amor es eterno Va cargado de sonrisa y ternura Te escucha y sostiene ante la niebla. Si yo te diera mi amor La eternidad se haría presente y el corazón volaría en libertad serena.

Dulce olor a algodón

Dulce olor a algodón,  muéstrame tu mejor sonrisa déjame arrullarte un poco más duerme en mi regazo sin prisa.  Inhalo tu calor y vida,  te acuno sin que pase el tiempo permíteme sentir tu latido y morir de amor sin lamento. Sentí al verte un vuelco mi alma tembló de alegría desde entonces a cada rato te sueño y te extraño si hay una partida. Dulce olor a algodón, gracias por existir siempre te amaré con pasión hasta cuando me veas partir.

El paso del tiempo

  Había tenido el cuidado de precisar la edad al rellenar el formulario. A pesar de ello, el director tensó su rostro al verme entrar. —Tome asiento — me dijo. Le saludé con un ligero gesto y me senté. —Sabrá Ud. que la oferta es para cuidar de escolares en el comedor, ¿verdad? Asentí. —Es un trabajo duro y necesitamos a alguien joven. —Por supuesto que soy consciente— repuse—leí su oferta de empleo y no indicaban límite de edad. Hizo un gesto de negación con la cabeza mientras tiraba mi solicitud. Me levanté despacio, una nueva arruga nacía en mi rostro.

La mar

Si las lágrimas no brotan,  escucha a tu alma bramar.  Tiembla corazón que te sostengo, deja que la niebla se la lleve la mar.

Camino del olvido

Camino del olvido, la vida me ofrece paz. Camino del olvido, siento la brisa en mi tez. Camino del olvido, sostengo mi risa alegre. Camino del olvido, me permito caminar.

Los domingos

Domingos de soledad, me despierto en armonía, os vivo con tibieza. Traedme vientos de paz, calor de corazones puros, oración de sabiduría. Domingos eternos no olvidéis que sois los elegidos de una semana espectante, para reposar en vosotros lo que está por llegar.

La huida

Si ves a su sombra al acecho,  no huyas obsérvala.  Analiza su comportamiento,  hazte su amiga, engáñala. Si su oscuridad te rodea,  cierra los ojos y respira , escucha, toca y huele.  Oriéntate, sé tu guía. Si el mal se apodera de tu hogar, engáñale y juega su partida,  mientras tanto reconstrúyete y regresa a ti antes de emprender la huida.